Aparentemente he descuidado este blog, pero solo aparentemente. Me voy a escusar diciendo que hace relativamente poco tiempo he vuelto de mi viaje a la capital europea de la cual no he parado de hablar. Sí, parece que al final el dicho tenía razón, quien la sigue la consigue.
La verdad es que tenía autentico miedo de que la ciudad de mis sueños al final terminara siendo una ciudad cualquiera y acabara por decepcionarme; y debo reconocer, si soy sincera, que al llegar allí si que tuve la sensación de que me había decepcionado. ¡Estaba lleno de vagabundos! Pero cuando las farolas comenzaron a encenderse y la Torre Eiffel hizo su aparición, todos los rincones de la ciudad empezaron a iluminarse y se llenó de color y sabor, y entonces supe que iba a ser un viaje genial. Es una ciudad maravillosa y en los siete días que he estado he sacado dos conclusiones esenciales: la primera es no volver a París jamas en agosto: pocos franceses y demasiados turistas, sobretodo demasiados turistas. Y la segunda: en este momento mi lugar ideal para vivir del mundo seria Montmarrtre.
Una semana bastó para impregnarme de todo los que París tiene que ofrecer, y hacer todo los IMPRESCINDIBLE. En mi mente siempre quedará la postal de una ciudad gris desde las alturas, con una Torre Eiffel obnipresente, entremezclando los sonidos de un acordeón tocando "la vie en rose" y de un francés cosmopolita al tiempo que te dejas capturar por un dulce olor a crepe y un artista callejero. Tal vez la gran olvidada de mi viaje sea la lluvia que no se digno a hacer acto de presencia para acabar esta postal... Entonces volveré; para caminar por el Puente de Alejandro iluminado bajo la lluvia y sin paraguas. Porque a los primeros amores no se les olvida y creo que mi primer amor ha sido París.
Besitos,
C-

