Amo los días grises. Esos en los que el cielo parece que se haya esfumado y tomado el día libre. La lluvia cae incesantemente y no hay nade por las calles; excepto dos personitas que les pilló el chaparrón a mitad de camino y entre risas y tapándose como buenamente pueden, corren por las calles intentando no mojarse como si les hubiera caído un plato de sopa encima. El resto del mundo esta en sus casas escuchando el melodioso murmullo de la lluvia. En esos días me encanta leer cerca de la ventana, escribir, ver una película de cine antiguo o dormir sabiendo lo calentita y recogida que estas dentro; y acto seguido suelo dormirme plácidamente. Mas tarde cuando la lluvia deja de caer y las nubes se retiran suavemente dejando ver unos trocitos de cielo azul; salgo a la calle. Tras de si la lluvia deja un agradable olor en las calles y todo esta limpio. El sol comienza a sacar sus tenues rayos a relucir creando destellos en los charcos y quien por casualidad lo ve, diría que las calles son de plata.
Los niños juegan con los charcos riendo y manchándose de barro sus pequeñas ropas, las calles se llenan de vitalidad y todo el mundo se llena de una sensación de tranquilidad envidiable. No se como será el paraíso, pero no creo que el mio sea muy distinto a esto.
Besitos,
C-

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